Seis Hombres y Un Elefante

6blindmenSeis eran los hombres de Indostán,
tan dispuestos a aprender,
que al Elefante fueron a ver
(Aunque todos eran ciegos),
Pensando que mediante la observación
su mente podrían satisfacer.

El primero se acercó al elefante,
Y cayéndose
sobre su ancho y robusto costado,
en seguida comenzó a gritar:
“¡Santo Dios! ¡El elefante
es muy parecido a una pared!”

El segundo, palpando el colmillo,
exclamó: -“¡Caramba! ¿Qué es esto
tan redondo, liso y afilado?
Para mí está muy claro,
¡esta maravilla de elefante
es muy parecido a una lanza!”

El tercero se acercó al animal,
y tomando entre sus manos
la retorcida trompa,
valientemente exclamó:
“Ya veo,” dijo él, “¡el elefante
es muy parecido a una serpiente!”

El cuarto extendió ansiosamente la mano
y lo palpó alrededor de la rodilla:
“Evidentemente, a lo que más se parece esta bestia
está muy claro,” dijo él,
“‘Es lo suficientemente claro que el elefante
¡es muy parecido a un árbol!”

El quinto, quien por casualidad tocó la oreja,
Dijo: “Incluso el hombre más ciego
es capaz de decir a lo que más se parece esto;
Niegue la realidad el que pueda,
Esta maravilla de elefante
¡es muy parecido a un abanico!”

El sexto tan pronto comenzó
a tantear al animal,
agarró la oscilante cola
que frente a él se encontraba,
“Ya veo,” dijo él, “¡el elefante
es muy parecido a una cuerda!”
Y así estos hombres de Indostán
discutieron largo y tendido,
cada uno aferrados a su propia opinión
por demás firme e inflexible,
aunque cada uno en parte tenía razón,
¡y al mismo tiempo todos estaban equivocados!

He aquí la versión de John Godfrey Saxe (1816-1887) de un antiguo cuento Hindú

 

Sí – Rudyard Kipling

RudyardKipling
Rudyard Kipling (1865-1936)

Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
si puedes confiar en tí mismo cuando los demás dudan de tí,
pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
o siendo odiado no dar cabida al odio,
y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduria…

Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso (desastre)
y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho:
tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas…

Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
y perder, y comenzar de nuevo por el principio
y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
excepto La Voluntad que les dice “!Continuad!”.

Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud
o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
si puedes emplear el inexorable minuto
recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.

Un Deseo Mañanero

SunriseEl sol acaba de salir, es la mañana de un nuevo día, el primer día del Año Nuevo. ¿Qué puedo desear que el día de hoy, que este año, me pueda traer?

Nada que hará el mundo de otro ser​ mas pobre, nada en detrimento de los demás. Tan sólo esas pocas cosas que en su ​llegada  no se detienen conmigo sino que más bien ​me tocan, a medida que pasan y aumentan en fuerza:

  • Unos amigos que me entienden, y aún así, siguen siendo mis amigos.
  • Un trabajo que hacer, que tiene un valor real sin la cual el mundo se sentiría más pobre.
  • Un retorno económico adecuado de ese trabajo  para no gravar excesivamente a nadie que pague.
  • Una mente sin miedo a viajar, aunque el camino sea desconocido.
  • Un corazón comprensivo.
  • Una vista hacia las colinas eternas y el mar abierto. Ver algo hermoso hecho a mano.
  • El sentido del humor y la capacidad de reír.
  • Un poco de tiempo libre, sin nada que hacer.
  • Unos momentos de calma, en meditación silenciosa, sentir la presencia de Dios.
  • Sobre todo, la paciencia para esperar la llegada de estas cosas y la sabiduría de saberlo cuando llegan.

W. R. Hunt

Cómo Tomar Buenas Decisiones

Las decisiones perfectas se dan con muy escasa frecuencia. No obstante, siempre es posible tomar buenas decisiones que, aunque no tengan un desenlace de cuento de hadas, logran el mejor resultado que permiten las circunstancias.
Las personas que por lo general toman buenas decisiones no suelen actuar por impulso ni por intuición, ni se basan exclusivamente en su experiencia, sino que emplean alguna metodología, como por ejemplo esta:
Define la cuestión. Buena parte de la solución radica en el planteamiento del problema. Para ello conviene recurrir a las preguntas básicas del periodismo y tratar de responder al quién, al qué, al cuándo, al por qué y al cómo. ¿Por qué es necesaria la decisión? ¿Cuál es el objetivo? ¿Cómo podría la decisión influir positivamente en la situación? ¿A quién va a afectar? ¿Cuándo es preciso tomarla?
Adopta un enfoque positivo. Esfuérzate por ver la situación como una oportunidad y no como una contrariedad.
Enumera las distintas opciones. Cuantas más consideres, menos probable es que pases por alto la mejor solución.
Reúne información. Una investigación exhaustiva te conducirá a decisiones más acertadas. Además redundará en una mayor paz interior durante la ejecución de las mismas.
Sé objetivo. Si ya tienes una opinión formada sobre el asunto, es natural que quieras buscar pruebas que la confirmen. Eso está bien en caso de que tengas razón; pero si no puede apartarte de lo que sería la mejor decisión. Considera de buen grado soluciones alternativas y puntos de vista divergentes. Ten presente que el objetivo no es demostrar que tú tienes razón, sino tomar la mejor decisión.
Sé consecuente con tus principios. Si alguna de las alternativas compromete tus valores, elimínala de la lista.
Estudia las diversas opciones. Anota los pros y los contras de cada opción y sopésalos. Procura determinar los mejores y los peores resultados posibles de cada opción. Trata de ver si hay alguna forma de combinar varias soluciones prometedoras para lograr una realmente eficaz.
Toma una decisión. Una vez que estés convencido de haber dado con la mejor alternativa, adopta resueltamente esa línea de acción.
Cambia de rumbo si varían las circunstancias. Después que tomes una decisión y comiences a implementarla, puede que se presente una mejor opción. Entra entonces en juego lo que se ha denominado el efecto timón: el timón solo actúa una vez que la nave está en movimiento.
Consulta con Dios. Por último —aunque no por ello, menos importante—, ruega al Señor que te guíe en cada etapa del proceso. Él puede ayudar a salir de cualquier laberinto. Si le pides orientación, te la dará.

Escrito por Alex Peterson

La Locura de la Avaricia

Se cuenta que en la China de la antigüedad, un sacerdote había acaparado una colección de joyas valiosísima a la cual seguía añadiendo y del cual estaba excesivamente orgulloso. 

Un buen día le mostró su colección a un amigo, el cual se deleitó inmensamente al admirarla, luego, al despedirse, le agradeció a su amigo por las joyas.

” ¿Como así? ” respondió el sacerdote, “¡hay un malentendido! No te he regalado las joyas, ¿porque me agradeces?”

“Pues verá,” dijo su amigo, ” me ha dado inmenso placer ver tu colección de joyas, más de lo que puedas imaginar. La única diferencia que veo entre nosotros es que mientras las he disfrutado no tengo la preocupación de cuidar y protegerlas como la tienes tu.”

(Folklore de China. Por N. D. Dennys, Londres, 1876.)