¡A Navegar!

La vida es semejante a la navegación a vela. Muchos se conforman con navegar dentro de la seguridad de las ensenadas. Su vida nunca tiene rumbo; en cambio‚ otros ponen proa al horizonte y se aventuran mar adentro.

Se necesita fe para lanzarse a lo desconocido, para creer que Dios y Su Palabra es veraz y que Él te mantendrá a salvo y fijará bien tu rumbo. Esa fe se adquiere en travesías difíciles en las que sigues el rumbo que Él te señala y descubres que da resultado. Esta vida y su limitada existencia puede acarrear muchas preocupaciones, afanes y temores si das lugar a ellos.

En cambio, si aceptas Su amor y Su perspectiva de todo, empezarás a ver en cada obstáculo una oportunidad y algo positivo en toda situación negativa. Tendrás la fe para remontarte sobre los límites de este mundo y aceptar que hay un designio más sublime para tu vida, y que en definitiva es Él quien lleva las riendas. Cada prueba fortalece tu fe.

Las costas de Sus bendiciones no son visibles para quienes se quedan en el puerto y nunca se atreven a zarpar; hace falta fe para navegar hacia ellas. No hagas caso del incrédulo que nunca abandonó la seguridad de su puerto y afirma que no hay otras costas, no hay retos que afrontar ni nada que aprender. Sé el primero en zarpar, en dejar que Dios trace el rumbo de tu vida.