Sean Perfectos

Por Charles Price

Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto.  Mateo 5:48; NVI
Si alguien nos dijera que tenemos que ser perfectos… ¡Ay! ¿Cómo lo hacemos? Sin embargo, eso es lo que Jesús nos dice en el sermón del monte: «Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto». A excepción de Jesús, nadie es perfecto, ni será perfecto. Entonces, ¿qué quiso decir Jesús?

Ser perfectos, en lo que Jesús dice, no significa que no se tengan defectos, como emplearíamos en la actualidad el vocablo «perfecto». Significa que cumplimos el propósito para el que fuimos creados. Por ejemplo, si tomo un bolígrafo y empezamos a escribir con él una carta, tal vez me pregunten: «¿Cómo es el bolígrafo?» Respondería: «Es perfecto». Lo que intento decir es que el bolígrafo cumple su cometido. No importa si es un bolígrafo de precio reducido o es uno muy costoso. Es posible que esté roto, que haya sido mordido y que solo tenga la mitad de tinta; sin embargo, es perfecto para el propósito para el que fue fabricado. Lo único que importa es que funciona.

Cuando Jesús dice: «Sean perfectos», nos pide que seamos aquello para lo que nos ha creado. Fuimos creados para ser semejantes a la imagen moral de Dios, de modo que nuestra vida exprese algo del carácter moral de Dios. Somos perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto solo en la medida en que Su carácter se manifiesta en nosotros. No podemos hacerlo al imitar a Dios, sino solamente al expresarlo [a Él] en nosotros y por medio de nosotros.

En 1 Corintios 13:12, Pablo dice: «Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido». En otras palabras, en esta vida jamás alcanzaremos completamente el carácter moral de Dios, pero el Espíritu de Dios obra en nuestra vida hacia ese objetivo final.

La perfección consiste en ser aquello para lo que Dios nos creó, y cuando Jesús dijo: «Sean perfectos», dice que a pesar de nuestros fracasos, pecados y quebranto, permitamos que Dios manifieste Su carácter en nosotros, dándonos una siempre creciente semejanza a Su imagen moral

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